Munich
"A estas alturas, cuando Spielberg podría acomodarse parece empecinado en utilizar su omnipotencia para cuestionarse a sí mismo y a todo lo que le rodea"
Esto es una cosa nueva para mi. Sabeis que no lo hago habitualmente, pero me parece interesante. Se trata de una critica de alguien que no conozco (Sergi Sanchez) y de una pelicula que no he visto (aun). Despues de leer esta critica, he de reconocer que me entran unas ganas tremendas de ver esta pelicula, aunque sea de Steven Spielberg. Sin quitarle ningun merito a este director, solo me gustaria destacar que creo que habia perdido la ilusion en sus ultimos proyectos, pero eso no quiere decir que no sea un gran director. Sin mas preambulos colgare esta pedazo de critica:
2005 USA - DIR: Steven Spielberg INT: Daniel Craig, Eric Bana, Geoffrey Rush, Hanns Zischler, Mathieu Kassovitz, Michael Lonsdale, Valerie Bruni Tedeschi, Yvan Attal, Ciarán Hinds, Marie-Josée Croze, Ayelet Zorer
Valoración: No se la pierda
Hay que aplaudir a rabiar el gesto político del cineasta más poderoso del mundo (y que nos perdone Peter Jackson). A estas alturas, cuando Spielberg podría acomodarse sobre las nubes de su reino mainstream criando fama y echándose a dormir, parece empecinado en utilizar su omnipotencia para cuestionarse a sí mismo y a todo lo que le rodea. No solo sigue oscureciendo sensiblemente el tono de su cine, sino que se arriesga a ponerle peros a la postura ideológica de los judíos en el conflicto palestino. Es verdad que en Munich todos tienen sus razones, pero nadie se atreverá a negar que, desde la perspectiva de un director más que consolidado en la industria de Hollywood, Spielberg ha puesto toda la carne (hebrea) en el asador sin perder de vista sus rasgos autorales. Esto es, la guerra entre dos pueblos se reduce a una cuestión de encontrar un hogar, una familia, un espacio que nos sirva de antídoto contra nuestra sensación de eterno desamparo.
Arrancando en el famoso secuestro de las Olimpiadas de Munich de 1972, Spielberg se centra en la venganza del pueblo judío contra los palestinos que organizaron tamaña masacre. El líder del comando israelita es un héroe a su pesar (un conmovedor Eric Bana), el típico niño abandonado tan caro al cine del director de E.T. El extraterrestre, dominado por la figura de un padre ausente (luego sucesivamente sustituido por familias disfuncionales de lo más pintorescas) y una madre que se encarna en la primera ministra Golda Meir y en la misma nación de Israel.
La crudeza con que Spielberg retrata el descenso a los infiernos (o la toma de conciencia) de su protagonista está heredada tanto de la sequedad expositiva de las películas de espías de los años 70 (de Odessa a Domingo Negro) como del cine de Hitchcock, al que homenajea en una secuencia que demuestra su madurez en el dominio del espacio fílmico. No estamos, en definitiva, tan lejos de Topaz, aunque las conclusiones políticas de Spielberg son más radicales que las del mago del suspense: cómo, si no, podría haber rodado el asesinato de una sicaria con esa ruda frialdad, obligándonos a entender que matar no es una cuestión ideológica sino moral y que el fin nunca justifica los medios, ni en el bando de los vencidos ni en el de los vencedores.








